Una de las artistas cubanas más reconocida a nivel mundial, Alicia Alonso, cumplió ayer 96 años de vida con la férrea voluntad de entregar a su país un llegado duradero mediante el Ballet Nacional de Cuba (BNC).

Alicia Alonso cumple 96 años. Papiro Publicitaria

Aunque parezca una redundancia merece reconocimiento, Alonso dedicó su vida a la danza, primero a formarse como una bailarina respetable, luego a conformar un estilo propio, y después a perpetuar el ballet dentro de la cultura cubana, como parte integrante y ya inseparable de esta.

Junto a los hermanos Fernando y Alberto Alonso, fundó la primera compañía profesional de ballet en Cuba, hace 60 años, cuando ese arte era escasamente comprendido en las sociedades latinas.

Pese a las contradicciones sociales, políticas y de salud que padeció, la decisión y valentía de esta mujer la hicieron persistir en elevar su rango de bailarina.

En el mundo de la danza cobró fama por sus prodigiosos giros y la manera particular de adueñarse de la técnica, se convirtió en protagonista de leyendas.

Todavía algunos hablan de la quinta Alonso para aludir una posición específica de los pies, mientras los viejos amantes del ballet atesoran especialmente las veces que la vieron transformarse en Giselle y en Carmen, entre varias protagonistas de obras clásicas.

A sus 96 años de edad, la artista continúa activa como maestra, coreógrafa, directora del BNC y del Festival Internacional de Ballet de La Habana, en cual participan los más renombrados bailarines del planeta.

Pocos calculan su amor por los animales, en especial, una gran pasión por los perros, y el extraordinario sentido del humor que la indujo a gastarle bromas a algunos de sus partenaires en escena.

En la juventud, pintó algunos cuadros y desde niña amó el color azul y la literatura universal.

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Además, siempre rechaza la posibilidad de que los humanos habitemos solos este universo y cuenta entre sus añoranzas la de poder sentarse en el Malecón de La Habana a tomar el fresco y disfrutar un espectáculo de olas, pues la fama le impide pasar desapercibida.

Los aplausos y ovaciones con que el público cubano recibe a la Alonso a su llegada a cada teatro, también erigen historia difícil de igualar.


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