La historia de la Sonora comenzó el 12 de enero de 1924 en el populoso barrio Ojo de Agua, de Matanzas, capital de la provincia del mismo nombre. En una casa situada en la calle Salamanca, entre Jovellanos y Ayuntamiento, Valentín Cané, mulato de mucha simpatía, ejecutor de la tumbadora, se reunió con varios amigos músicos para darle nacimiento a un relevante proyecto artístico.

93 AÑOS DE LA SONORA MATANCERA. PAPIRO PUBLICITARIA

A la reunión convocada por Valentín asistieron el timbalero Manuel Sánchez, apodado ‘Jimagua’; el ejecutante del cornetín Ismael Goberna; los guitarristas Domingo Medina, Juan Bautista Llopis, José Manuel Valera y Julio Govín. Completó la lista de invitados el infaltable ‘Bubú’, que tocaba el bajo.

“Amenizaremos las festividades políticas del partido Liberal, y seremos un conjunto que no pasará inadvertido”… La propuesta de Valentín Cané, acogida de inmediato, no tardó en cobrar vida. La colectividad conformada por ocho músicos pasó a llamarse, desde entonces, Tuna Liberal, en honor al partido político al que pertenecía don Juan Gronlier Zardiñas, a la sazón gobernador de Matanzas, provincia dividida en 22 municipios.

Dos años después de su fundación, los guitarristas Doming Medina, Juan Bautista Llopis y Julio Govín, decidieron ‘abrir tolda aparte’, aduciendo distintas causas de índole personal. Con intervalo de semanas ingresaron, primero, el cantante Eugenio Pérez y más tarde Carlos Manuel Díaz Alonso, llamado con cariño ‘Caíto’, un humilde pescador, maraquero y también cantante. Al poco tiempo del arribo de este último, los músicos analizaron la propuesta musical del conjunto y la situación política que en esos momentos vivía la isla. Coligieron que había incompatibilidad y determinaron cambiar de nombre. Surgió así, el Sexteto Soprano.

Ante la deserción de tres de los cuatro instrumentistas de cuerda, ‘Caíto’ propuso la inclusión de un nuevo guitarrista: el tabernero Rogelio Martínez Díaz, también matancero como ellos, nacido el 7 de septiembre de 1905 y fallecido en Nueva York, el 13 de mayo de 2001.

A los pocos días de la incorporación de Rogelio Martínez, el sexteto de ocho integrantes cambió otra vez de nombre: Estudiantina Sonora Matancera. A finales de 1926 el cantante Eugenio Pérez abandonó la agrupación para enrolarse al Sexteto Matancero del tresero, compositor y líder vocalista Isaac Oviedo.

El historiador Helio Orovio, en su libro Diccionario de la música cubana (Editorial Letras Cubanas), señala que tras haber adquirido resonancia y prestigio en su provincia de origen, la Estudiantina se trasladó a La Habana el 12 de enero de 1927 en busca de la consagración nacional. Viajaron siete músicos encabezados por su director y generador de ideas, Valentín Cané.

Cubrieron en una ‘guagua’, que es como se le denomina a los buses en gran parte de las Antillas, los 90 kilómetros que distancian a Matanzas de la capital de Cuba.

Tras presentarse en el Teatro Alhambra y en otros centros nocturnos, la Estudiantina debutó en el acetato el 12 de enero de 1928. Ese día grabó para la casa Víctor dos discos de 78 revoluciones por minuto, cada uno con dos cortes. La casa Víctor aún no había instituido sus vínculos comerciales con la RCA.

Los temas publicados, en su respectivo orden, fueron El porqué de tus ojos, de Valentín Cané; Eres bella como el sol’, de Ismael Goberna; Fuera, fuera chino, y Cotorrita, de Jóse Manuel Valera. Ese mismo mes grabaron otros cuatro temas en dos sencillos.

El final de la Estudiantina Sonora Matancera se dio en 1930 para darle paso al definitivo nombre de la agrupación. En adelante y hasta siempre sería conocida como la Sonora Matancera. En 1932 Rogelio Martínez asumiría la dirección. En ese cargo estuvo hasta su muerte, el 13 de mayo de 2001.

Notas históricas de: Fauto Pérez V.


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