Cuando en la primavera de 1950 se reportó un objeto volante no identificado (OVNI) en la provincia de Matanzas, el primero conocido en Cuba después del comienzo de la era de los platillos voladores, se iniciaba una relación de esporádicas visiones luminosas, en su mayoría carentes de explicación para los científicos.

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El ser humano siempre ha abrigado la esperanza -con la lógica duda- de compartir la existencia con otros seres de aspecto humanoide y tecnología desarrollada en otro lugar de la galaxia, independientemente de todas las elucubraciones que ese encuentro de civilizaciones puede traer como consecuencias.

Miles de avistamientos y raros sucesos en la bóveda celeste fechados en diversos lugares del mundo hacen pensar a muchos, incluyendo estudiosos del tema, que estamos siendo visitados de manera sigilosa por representantes de planetas distantes.

Cuba también parece formar parte de la curiosidad extraterrestre, quizá con renovadores propósitos turísticos, tal vez como muestreo para estudiar la jocosidad y la resistencia de los habitantes del archipiélago.

Diversos testimonios registrados a lo largo y ancho de nuestro país, con precisos detalles sobre veloces artefactos, extrañas luces, esferas con movimientos irregulares y lo más insólito, la presencia de seres fantasmagóricos involucrados en abducciones y secuestros, hacen valorar la ocurrencia de fenómenos que están más allá de justificaciones meteorológicas, físicas o paranormales.

En 1954, dos objetos de llamativa luminosidad y giros sorprendentes fueron apreciados en fechas y lugares diferentes en la capital por varias personas.

En enero de 1989, vecinos de La Victoria, La Isabel y Cocodrilo en la Isla de la Juventud e
integrantes del barco Yunque de Baracoa, observaron un cuerpo luminoso de una luz blanca amarillenta intensa que se desplazaba expulsando una gran cantidad de humo, pero sin producir ruido. En entrevista para la televisión local, el jefe de la oficina meteorológica señaló que no se trataba de un fenómeno atmosférico, de los que habitualmente se producen, ni de un objeto conocido por la ausencia de sonido y la forma de desplazamiento.

El 21 de diciembre de 1993 entre las siete y las siete y treinta de la noche, cuatro esferas luminosas aparecieron en la ciudad de Matanzas. Se desplazaron a gran velocidad de norte a sur, de 30 a 35 grados sobre el horizonte, ausentes de ruidos y fueron vistas desde varios puntos de la ciudad.

En la medianoche del sábado 29 de octubre de 1994, en Nigua, provincia de Las Tunas, fueron vistos por numerosas personas tres objetos volantes con emisiones de luces de distintos colores, lo cual provocó que se activara el Sistema Único de Vigilancia y Protección.

El año 1995 fue significativo en la ocurrencia de avistamientos en varias zonas de la isla. En la madrugada del jueves 19 de octubre, cinco personas de guardia vieron tres objetos esferoides (en forma de triángulo viajaban) que se desplazaron de norte a sur, y posteriormente giraron al Este, en la ciudad de Sancti Spíritus.

Otro caso de ese año sucedió en el poblado de Guara, provincia de La Habana, donde fue visto durante más de veinte minutos un objeto luminoso en forma de platillo con movimientos irregulares, suceso del que numerosas personas fueron testigo, así como en una escuela secundaria Básica en Güines, donde dos profesores aseguraron ver una luz con movimientos bastante irregulares que no guardaban relación con nada conocido.

Sin embargo, los casos más polémicos son los referidos a abducciones o secuestros de ciudadanos por parte de visitantes no terrestres. Ejemplo de ello es lo narrado por un hombre en el espacio televisivo Pasaje a lo desconocido, quien asegura que fue capturado en el área de su vivienda, en el centro de la isla. Añadió que después de unos pocos minutos de vuelo en una nave espacial fue abandonado en un lugar de Ciudad de La Habana sin recibir daño alguno.

Sin señales evidentes que muestren su veracidad, cuenta otra historia una mujer en el verano de 1990, cuando observó en el patio de su casa una rara luminosidad y al correr asustada hacia el interior, se encontró ante un aro de luz que se le acercó hasta unos cinco metros de distancia, perdió la noción del tiempo y despertó posteriormente sin intruso alguno en el entorno.

Pero quizá el caso más singular de los reportados en Cuba ocurrió el domingo 15 de octubre de 1995, a las nueve de la mañana cerca del poblado de Torriente, provincia de Matanzas.

Un campesino de 74 años nombrado Adolfo Zárate fue testigo del descenso en los terrenos de su finca, de un objeto no mayor que un auto pequeño en forma de platillo con una cabina, el cual permaneció posado varios minutos. Un ser con apariencia humana, vestido con traje semejante a camuflaje y con careta, salió del aparato, tomó muestras del suelo o de la hierba y luego de una detonación como de aire se elevó y se alejó rumbo sur, tras un chorro de candela azul.

Se confirmó por la policía el aplastamiento de la hierba en el lugar, del descenso, integrantes del Ministerio del Interior investigaron el caso pero, pasado un tiempo, no se emitió una conclusión.

Otros dos sucesos hacen que este hecho esté envuelto en una aureola de expectativas: un primo de este campesino desapareció sin dejar rastro, dos años antes una mañana a la misma hora y muy cerca del lugar del aterrizaje del artefacto. Fue un caso sin explicación. Además, la noche en que sucedió la presencia de la nave y su tripulante, una extraña neblina invadió al poblado.

El cineasta Octavio Cortázar, filmó un documental con testimonios del fenómeno OVNI en Cuba, en el cual se aprecia el sitio del aterrizaje y el raquítico comportamiento de las plantas en el área, en fecha posterior a ese día.

¿Hasta dónde imaginación, leyes físicas desconocidas y enigmáticos fenómenos se confabulan para incitar a los habitantes de este planeta a meditar sobre la dudosa exclusividad que tenemos en el sistema galáctico?

Si vivimos en un mundo convulso e inseguro, ¿qué valoración tendrán de los terrícolas esos supuestos merodeadores estrafalarios?
Por lo pronto, me uno al chispeante criterio del escritor norteamericano Isaac Asimov:

“La mayor prueba de que existe la inteligencia extraterrestre es que no han querido contactar con nosotros”.

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(Por Antonio Santana Pérez)


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